Si promueven división nuestra respuesta es la organización

Las últimas elecciones en la región han tenido varias características parecidas, una de ellas es que hay propuestas que tratan más de destruir derechos alcanzados por las comunidades y con ellos, las instituciones que, en teoría, están encargadas de protegerlos. En Planeta Paz hemos aprendido, durante décadas de trabajo con organizaciones sociales populares, comunidades rurales, pueblos étnicos, mujeres, jóvenes, que la paz no nace de la eliminación del adversario. La paz se construye reconociendo diferencias, ampliando derechos y fortaleciendo la democracia desde los territorios. Democracia es poder participar en las decisiones que conciernen a los espacios que habitamos en nuestra vida cotidiana, como también participar en las elecciones presidenciales y legislativas.

Nuestra experiencia nos ha enseñado algo que el país no debería ignorar: las comunidades que más sufrieron la guerra suelen ser también las que más defienden la paz; basta con ver, por ejemplo, el mapa de los resultados del plebiscito por la paz en el 2016. Los municipios golpeados por el conflicto armado han demostrado una y otra vez que conocen el valor de la reconciliación, del diálogo y de las oportunidades para vivir con dignidad. Allí donde la violencia dejó las heridas más profundas, también han surgido las apuestas más propositivas de futuro.

Por eso resulta tan importante reconocer los avances alcanzados en distintos territorios del país. La implementación de programas de desarrollo rural, los esfuerzos por erradicar economías ilícitas, la ampliación del acceso a la tierra para comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, así como el fortalecimiento de la presencia institucional en zonas históricamente excluidas donde el Estado sólo llegaba con la fuerza pública, muestran que la paz no es una idea que trate sólo de “silenciar fusiles”, sino que pasa por la garantía real de derechos y la posibilidad de construir con las comunidades.

La paz también se expresa cuando una persona trabajadora recupera derechos laborales; cuando una mujer rural accede a oportunidades productivas; cuando un joven puede ingresar a la educación superior pública sin que el dinero sea una barrera; cuando una persona mayor recibe protección económica en la vejez; cuando una comunidad cuenta con servicios de salud más cerca de su territorio. Cada derecho garantizado es una forma de construir paz.

Pero nada de esto está asegurado para siempre. La historia de Colombia demuestra que los avances democráticos requieren organización, participación y movilización permanente. Los derechos no sobreviven por inercia, necesitan de sujetos y actores dispuestos a construirlos y defenderlos.

La continuación de viejas y nuevas formas de los conflictos no llevan a la paz; en cambio, fortalecer a las organizaciones sociales, a las juntas de acción comunal, los procesos comunitarios, los espacios de participación y las múltiples formas de acción colectiva que sostienen la democracia en los territorios sí han dado ejemplo de resultados concretos. Son estas expresiones las que permiten que las voces de las comunidades sigan teniendo un lugar en las decisiones que afectan sus vidas y uno de estos lugares prioritarios es el del actual panorama electoral.

El trabajo por la paz no descansa. Si hay propuestas que promueven la división respondemos con más organización. Frente a quienes creen que los derechos son privilegios, debemos recordar que son conquistas democráticas que pertenecen a toda la sociedad.

La paz no es un punto de llegada, es un punto en constante construcción y su defensa sigue siendo una de las responsabilidades más importantes de nuestro tiempo. Por ello, debemos elegir la Vida y la Paz.

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Ilustraciones de: Gelman Salazar