
Los días 13 y 14 de marzo, Planeta Paz en el marco del proyecto “Justicia ambiental y nueva política sobre economías ilegales para la construcción de la paz, en el amplio territorio Andino Amazónico” convocó a las 7 organizaciones aliadas: Actoría Social Juvenil -ASJ-, Asociación de Institutores y Trabajadores de la Educación del Cauca ASOINCA, Asociación Agroambiental Campesina Andino Amazónica de Paz del Putumayo Asocagrapp, Grupo Motor Cordillera, Coordinadora de Integración del Macizo Colombiano CIMA, Asoyarcocha y el resguardo El Gran Tescual, con apoyo de El Color de la Coca.
Con estos procesos organizativos con las que se ha estado trabajando en los departamentos de Nariño, Cauca y Putumayo se propició un diálogo para dimensionar preguntas, desafíos y posibles alternativas alrededor de escenarios posibles para transiciones y transformaciones en los territorios que dependen de los cultivos de coca para uso ilícito.
En este encuentro participó también el investigador Luis Jorge Garay quién compartió una serie de reflexiones alrededor de los sistemas de cooptación estatal, bajo el concepto de “Estados híbridos”, que operan en los territorios con presencia de economías ilegales, en particular, cocaleras.
Garay presentó un marco de análisis que distingue tres estadios en el desarrollo de la relación entre el crimen organizado y el Estado: la captura del Estado (influencia desde afuera), la cooptación institucional (infiltración progresiva) y la reconfiguración del Estado (transformación funcional desde adentro). Este último estadio implica que el crimen organizado deja de actuar en paralelo a la institucionalidad para fusionarse con ella, generando lo que el investigador denomina un Estado híbrido criminal-institucional.
También estuvo la artista plástica Alejandra Torres con su proyecto El color de la coca, quién compartió reflexiones alrededor de la necesidad del cambio de narrativas sobre la hoja de coca y la posibilidad de su uso para la creación de pigmentos naturales que pueden tener diversos usos económicos y simbólicos.
Una premisa fundamental que permitió movilizar la reflexión y la palabra fue establecer una realidad concreta para los pueblos indígenas y campesinos de Cauca, Putumayo y Nariño: la coca no se va ir de los territorios, porque en palabras del profesor Herney Ruiz de CIMA “la coca ha hermanado comunidades” y desconocer las relaciones históricas y las dimensiones culturales, espirituales, sociales y económicas de esta planta, es desconocer también las historias y procesos de resistencia y lucha de las comunidades que durante mucho tiempo la han hecho parte de su forma de habitar, trabajar la tierra y consolidar nociones de comunidad.

El cultivo de la coca para uso ilícito: los cambios en las estrategias del hogar campesino y un mercado “cuasi perfecto"
Desde Planeta Paz, la intervención se dio por parte del investigador Carlos Salgado quién realizó una propuesta a modo de problematización y análisis de las realidades y múltiples variables que se interseccionan en la economía de los cultivos de uso ilícito: la coca en las familias campesinas ha dejado una serie de efectos que han modificado la dinámica económica, social, cultural y sobre todo la forma en la que las familias campesinas se relacionan con sus procesos socio-productivos.
Si bien el cultivo de coca y la elaboración de pasta base ha sido una salida provechosa para las economías familiares, considerando que los ciclos productivos de la hoja de coca son mucho más rápidos, y que existe una demanda continua y con un margen de ingresos más continuo que el de otro tipo de cultivos, es indudable que también esta forma de producción está arrastrando consigo un conjunto de efectos sobre los territorios campesinos como lo son los siguientes:
- Se perdió la gestión de recursos propios en lo que corresponde a la base alimentaria local, en este sentido la coca genera un desarraigo a una noción de soberanía alimentaria, biodiversidad y la autonomía de redes comunitarias como la minga.
- Los ingresos que genera el cultivo de coca para uso ilícito supera el margen de ingresos desde una perspectiva de tiempo/productividad a otros cultivos agrícolas.
- La economía cocalera en el campo ha generado una “estratificación del campo”, los campesinos cocaleros han podido adquirir una mayor capacidad de consumo y de acceso a bienes y servicios, incluso muchos campesinos han podido sustentar los estudios universitarios de sus hijos, a diferencia de los que no se han dedicado a este cultivo.
- El sistema asociado al cultivo y uso ilícito de la coca ha debilitado la exigibilidad de derechos por parte de las comunidades campesinas, al generar una falsa sensación de autosuficiencia que debilita el tejido organizativo rural.
- La narco cultura y la cercanía de los grupos armados al margen de la ley está generando cambios culturales que tocan a toda la comunidad, en particular, a la juventud.
- La incidencia de la coca como un monocultivo está determinando una dinámica ambiental que deteriora el uso de recursos como el agua, utilización del suelo y la pérdida de semillas que está haciendo compleja la transición hacia modelos agroecológicos que requieren autonomía sobre los recursos propios.
- Las políticas de sustitución de cultivos han fallado al desconocer las dinámicas concretas de los hogares campesinos, muy concretamente aquellas que impactan a la juventud y la posibilidad de reproducir sistemas productivos agroalimentarios.

Nuevos horizontes, otros colores de la coca
Una parte fundamental del encuentro fue escuchar las experiencias colectivas de las 7 organizaciones participantes tanto en proyectos productivos, escuelas populares, instituciones educativas y resguardos indígenas, cada una de ellas demostrando problematizaciones propias y resignificaciones que sugieren posibles horizontes de trabajo con la coca y las comunidades campesinas que dependen aún del cultivo de esta planta.
Sistematizar experiencias, reconocer los usos históricos y culturales desde una perspectiva amplia e intercultural, establecer metodologías de acompañamiento a largo plazo para la dinamización de otras alternativas económicas sostenibles, son algunos de los presupuestos que enmarcan las visiones y nociones alrededor de transiciones a otros cultivos y transformaciones de los territorios que hacen parte de las agendas territoriales de las 7 organizaciones aliadas.
Lo anterior se articula también en reconocer la incidencia de los grupos armados sobre el territorio y el debilitamiento de los procesos organizativos que esta presencia genera y con esto entender que esta dependencia económica y una estructura institucional cooptada frente a las realidades territoriales, está debilitando el tejido organizativo y está consolidando cada vez más un Estado híbrido que pierde o desvía su capacidad de agencia, y por ende, de garantizar derechos, siendo un actor más que pasa a violentar a las comunidades campesinas.
Y es frente a esta realidad que este espacio de diálogo y reflexión en torno a los horizontes hacia transiciones y transformaciones del territorio respecto al cultivo de la hoja de coca, resaltan el poder organizativo de las bases populares y comunitarias que son protagonistas y aliadas de este proyecto.
Desde una perspectiva que observa las experiencias de las organizaciones aliadas, se resaltaron propuestas alrededor de procesos de transición que demandan transformaciones de condiciones en los territorios como también de imaginarios alrededor de las economías campesinas, principalmente en procesos de largo aliento y constancia como Asoyarcocha, el resguardo El Gran Tescual o la propuesta de las fincas agro sustentables que se proponen desde procesos como el de Asocagraap en Putumayo.
Sin embargo, las soluciones no solamente se enfocan en pensar las transiciones hacia otros sistemas productivos, sino también en cómo desestigmatizar la hoja de coca, que requiere de otras miradas y enfoques que permitan descubrir las potencialidades de la coca en otras formas de producción, usos y consumos posibles.
Entendiendo las potencialidades de la hoja de coca, una de las apuestas es desestigmatizar los imaginarios que rondan a esta, y es en este sentido que la apuesta del “color de la coca” al trabajar desde una visión creativa e integrar a esta planta a apuestas de trabajo comunitario y pedagógico, permiten generar exploraciones colectivas, diálogos e intercambios de saberes respecto a la planta, aspecto que abre un umbral para reconocer que esta planta puede tener tantos usos como colores posibles.
Desde Planeta Paz en conjunto con los 7 procesos organizativos populares de Cauca, Nariño y Putumayo, si bien se plantearon nuevas preguntas y se abordaron reflexiones de gran valor para procesos de transición y transformación de las condiciones de las economías rurales cocales, es claro que, cualquier política pública o programa debe tener como un pilar fundamental que la hoja de coca no puede reducirse a su dimensión ilícita.
La hoja de coca tiene una presencia estructural en los territorios rurales colombianos, arraigada tanto en la economía campesina como en la cultura ancestral. Por ello, cualquier política pública que apunte a su erradicación como única solución desde una visión que estigmatiza a la planta y a sus cultivadores, está condenada a fracasar.



